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La poeta que escribía en el parque se ha perdido.
Quizá fue desaparecida, torturada y violada por
este sistema misógino.
Sus versos andan sueltos en el viento: mariposas inspiradas
sin destino.
A ella acudían la vida y las flores cuando presentían su hálito.
La ciudad era su prisión, los muros: su tristeza.
Extraño a la poeta y sus metáforas.
Todos los poetas pisaremos los pantanos de la muerte para
encontrarla.
JC
Soy música, fogón de poesía, luminosa oscuridad, palabra, esencial melodía. Soy el que observa y no el observado. Shiva y Tonatiuh son el uno.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
martes, 28 de noviembre de 2017
Las palabras solidifican en el oído del tonto lo que el tonto
escucha.
Si el poema es dulce él lo vuelve amargo.
Así es como el amor se convierte en aceite de odio en sus oídos.
Igual sucede en sus ojos: los
pulgares de su mirada afean todo.
Te explicaré como opera este asunto: el tonto se pretende sabio,
pero su rigidez alcanza el tope de su cabello;
lo laxo y elástico, lo grácil y sinuoso no le funciona en la cotidianeidad.
En realidad, cuando las realidades se ingieren untadas en la
superficie
de un pan sabroso, el moho de una mala vida estropea el bocado.
El amor llega a quien ama;
El dolor a quien odia.
Por merecimientos propios,
cielos o infierno habitamos.
Pero yo defiendo el corazón del ignorante porque esa es su patria,
su
comarca conocida.
Tiene arterias y ventanas al sol como las tuyas, como las mías, y
palpita
con su diastole y su sistole.
Un día, el que se le dé la gana al destino, un puñetazo de luz
lo doblará y lo pondrá de rodillas.
JC
lunes, 27 de noviembre de 2017
Parsimonía, pausa para que el sol dore tu espalda de
escalera en ascenso.
El amor es una contractura del
corazón y va más allá de cualquier ideología o aberrante
consigna, pero también es la expansión de la vida como
Luz y su hermana Sombra.
Vi morir al astro rojo en una calle empedrada de Zacatecas;
calló y se aboyó la llameante panza, buscó un rincón y estiró
la pata al compás del blues de mi armónica piadosa.
Experiencia callejera, mundana; he visto misterios y milagros
casi imperceptibles, todos con lentes de poeta.
A tí, amor, enredada en un manto de cielo y niebla exhalando
cometas.
Para besar: pausaste.
Para vivir: pausaste.
Para dormir: pausaste.
Creí que llorabas, pero en verdad
llorabas.
JC
domingo, 26 de noviembre de 2017
miércoles, 22 de noviembre de 2017
^ Cambiar el mundo
Cuando doy, entrego o comparto energía; cuando recibo energía,
si cuento con un corazón abierto, tengo capacidad
para contenerla. Todos emitimos energía, ya sea
positiva, negativa; amorosa, iracunda, de odio, de tristeza
de envidia, de celos o una mezcla de todas; ésta sería"energía enrarecida o ambigua"( el Aura se torna entre grisácea tendiente al marrón).
El alma que demanda energía, debe estar
preparada para recibirla, de no ser así, se expone
al fuego purificador llamado TAPASYA por los Vedantinos
y Shivaitas, (milenaria corriente filosófica Sankya, no dualista).
El Ego jamás querrá exponerse a este fuego; defenderá los dividendos
que le dan las vibraciones Tamásicas o pasionales que nutren
su contraída existencia.
Ahora, si sustentamos la tesis de que el dinero es energía,
entenderemos que "el hambre de dinero" revela una carencia
de energía y que la búsqueda de dinero surge de un devastador
sentimiento de pérdida. A ese sentimiento lo llamamos CODICIA.
Podemos "codiciar amor" y comprarlo en objetos-símbolo (éxito
y ostentación; casarse con la mujer más bonita del mercado, etc.)
Podemos envidiar el triunfo ajeno y comprarlo a toda costa
para validar nuestra existencia "siendo alguien".
La ecuación sigue siendo resultado de un inconsciente sentimiento
de "No soy lo suficientemente bueno para..."
La soberbia emana de un ego que pretende saberlo todo, pero
que subyace lleno de dudas e incertidumbre.
"El dolor y el más profundo miedo transforman a la conciencia humana"
dice Carl G. Jung sobre las auténticas experiencias que evitamos
en nuestro pequeño mundo insustancial y cómodo.
Eludimos la problemática humana cosificándola; la solidaridad la
aquilatamos con un "según el sapo es la pedrada" o como convenga
a nuestros intereses más viscerales.
¿Podemos aspirar a "un mundo mejor" sin entender la transformación
propia? ¿Con qué finalidad pretendemos cambiarlo si desconocemos
nuestras tormentas personales, secretas; nuestros miedos y fobias, si negamos nuestra sombra o lado oscuro?
Las personas que gobiernan este país son muy similares a nosotros.
Lo que suponemos nos hace diferentes es que estos detentan un poder
del que nosotros carecemos. La pregunta es ¿Searíamos iguales, de
tener poder?
Y la respuesta sería quizá otra pregunta;
¿tenemos la capacidad de transformarnos?
JC
Cuando doy, entrego o comparto energía; cuando recibo energía,
si cuento con un corazón abierto, tengo capacidad
para contenerla. Todos emitimos energía, ya sea
positiva, negativa; amorosa, iracunda, de odio, de tristeza
de envidia, de celos o una mezcla de todas; ésta sería"energía enrarecida o ambigua"( el Aura se torna entre grisácea tendiente al marrón).
El alma que demanda energía, debe estar
preparada para recibirla, de no ser así, se expone
al fuego purificador llamado TAPASYA por los Vedantinos
y Shivaitas, (milenaria corriente filosófica Sankya, no dualista).
El Ego jamás querrá exponerse a este fuego; defenderá los dividendos
que le dan las vibraciones Tamásicas o pasionales que nutren
su contraída existencia.
Ahora, si sustentamos la tesis de que el dinero es energía,
entenderemos que "el hambre de dinero" revela una carencia
de energía y que la búsqueda de dinero surge de un devastador
sentimiento de pérdida. A ese sentimiento lo llamamos CODICIA.
Podemos "codiciar amor" y comprarlo en objetos-símbolo (éxito
y ostentación; casarse con la mujer más bonita del mercado, etc.)
Podemos envidiar el triunfo ajeno y comprarlo a toda costa
para validar nuestra existencia "siendo alguien".
La ecuación sigue siendo resultado de un inconsciente sentimiento
de "No soy lo suficientemente bueno para..."
La soberbia emana de un ego que pretende saberlo todo, pero
que subyace lleno de dudas e incertidumbre.
"El dolor y el más profundo miedo transforman a la conciencia humana"
dice Carl G. Jung sobre las auténticas experiencias que evitamos
en nuestro pequeño mundo insustancial y cómodo.
Eludimos la problemática humana cosificándola; la solidaridad la
aquilatamos con un "según el sapo es la pedrada" o como convenga
a nuestros intereses más viscerales.
¿Podemos aspirar a "un mundo mejor" sin entender la transformación
propia? ¿Con qué finalidad pretendemos cambiarlo si desconocemos
nuestras tormentas personales, secretas; nuestros miedos y fobias, si negamos nuestra sombra o lado oscuro?
Las personas que gobiernan este país son muy similares a nosotros.
Lo que suponemos nos hace diferentes es que estos detentan un poder
del que nosotros carecemos. La pregunta es ¿Searíamos iguales, de
tener poder?
Y la respuesta sería quizá otra pregunta;
¿tenemos la capacidad de transformarnos?
JC
viernes, 17 de noviembre de 2017
ramaje.
La vida es un ramaje.
¿Qué notas tocaré en la armónica para que el ramaje del cielo
se desprenda?
Deseo el lucero de la esquina aquélla,
la cintilante que me guiña el ojo.
Soy pobre y solo quiero ese brillo en las pupilas, pero antes debo
soplar más
fuerte.
De niño miraba el cielo y este me devolvía, condescendiente,
la mirada;
hacía un gesto de relámpago o de luna llena
o derramaba lluvia fría en mis párpados, mis labios.
¡Tengo diez años, le gritaba!; ¡Y estoy atrapado en este país,
en este planeta, en esta vida, ¡tus ramas me impiden volar!
"Ningún niño nació para volar en este mundo", parecía responder.
"Anda y juega en el parque", decía al parecer.
Hoy, a los sesenta dos, toco blues y suena la armónica con un destello
de amor en los ojos de mi alma.
JC.
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