viernes, 5 de abril de 2019

En respuesta a
@MeTooActivista1
 y
@article19mex
Las acciones de ustedes son totalmente ilegales y atentan contra el honor de quienes difaman. Yo los demandaría por daño moral.incluso los que realmente sean penalmente responsables, pues quienes pueden perseguir los delitos son fiscalías y tienen prohibido revelar la identidad




jueves, 4 de abril de 2019

Entrevista a la antropóloga Rita Segato, una estudiosa de la violencia machista

“El problema de la violencia sexual es político, no moral”

Segato advirtió sobre los peligros de la “glamorización” de la violencia sexual en la pantalla y de la “despolitización de lo que está sucediendo”, en relación al impacto que generó el caso en la sociedad.

Por Mariana Carbajal

Imagen: Sebastián Joel Vargas

“La noticia de una agresión sexual se instala como un espectáculo en los medios y eso tiene que cambiar”, dice la antropóloga Rita Segato, una de las grandes intelectuales latinoamericanas, al analizar el tratamiento que tuvo en televisión la denuncia de violación de Thelma Fardin contra Juan Darthés. También llamó la atención sobre el riesgo de que se produzca un efecto imitación como ocurre con las noticias de suicidios, y sobre la necesidad de correr a la actriz del lugar de víctima. “No quiero solamente consolar a una víctima que llora. El punto es cómo educamos a la sociedad para entender el problema de la violencia sexual como un problema político y no moral”, señaló Segato. La autora de “La guerra contra las mujeres” (Madrid: Traficantes de Sueños, 2016), está además preocupada por lo que viene llamando “un feminismo del enemigo”. “El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos ‘naturales’”, expresó. Y a su vez, cuestionó los “linchamientos” en redes sociales para denunciar violencias machistas entre pares, adolescentes. “Debemos preparar a nuestras y nuestros jóvenes para que puedan tramitar sus relaciones con su propia palabra y con sus propios gestos”, alentó. Y quiso dejar como mensaje una frase que le dijo un jefe de la policía de El Salvador, donde estuvo trabajando durante una gran parte de este año: “Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás”.

Es una de las voces más lúcidas de la región a la hora de pensar la violencia machista en sus distintas formas y circunstancias. Su pensamiento es provocador. Empuja a la reflexión. Segato nació en Argentina y vivió también en Venezuela, Irlanda, Estados Unidos y Brasil. Tiene una extensa trayectoria académica. Este año, la Universidad de Brasilia le concedió el título de Profesora Emérita de la institución, y recibió tres Doctorados Honoris Causa de universidades argentinas. Es autora de numerosos libros, el último, “Contra-pedagogías de la Crueldad” (Buenos Aires: Prometeo, 2018).

Cuando empezó a trabajar primero con los presos condenados por violación en la penitenciaria de Brasilia, pensó que sería una situación excepcional y pronto abandonaría el tema. Cuando fue invitada, luego de publicar el libro “Las estructuras elementales de la violencia” (2003, Prometeo), para aplicar su modelo de la fratria masculina, del club de hombres, al caso de las mafias de Ciudad Juárez, pensó también que estaba ante un caso excepcional, raro, que rápidamente ese tema iba a desaparecer de la historia. Y siente una tremenda frustración porque no consigue abandonarlo. Este año, fue convocada por la Policía Nacional Civil de El Salvador, tal vez el país más violento del continente, para elaborar un diagnóstico sobre crímenes de género al interior de la institución.

La conversación transcurre en su departamento de San Telmo.

–¿Cómo analiza lo que pasó a partir de la denuncia de Thelma Fardin?

–Es fundamental vincularlo con lo que pasó dos semanas antes con el fallo sobre el femicidio de Lucía Pérez, donde un tribunal dijo que no hay ninguna relación de poder entre dos hombres adultos que le proveen droga a una adolescente. La sociedad que se escandaliza porque otra adolescente, de la misma edad que Lucía, fue violada por un varón de mayor y de más poder, les está diciendo a esos jueces de Mar del Plata que están equivocados y que han traicionado las expectativas de la sociedad con relación a la justicia. Es importantísimo vincular las dos escenas, ponerlas en relación. En segundo lugar, estamos viendo que la sociedad está siendo avisada y se está volviendo más sensible en relación a las agresiones, a los acosos, a las distintas formas de abuso de género y esa es una buena noticia.

–¿Cómo ve el rol de los medios en el abordaje del tema?

–Tenemos un problema con el espectáculo de la noticia. Es indispensable ver cómo los medios pueden informar sobre este fenómeno. Lo que hemos aprendido de feminicidios y escándalos sexuales anteriores es que aunque los medios muestren la monstruosidad del agresor, ese monstruo para otros hombres resulta una figura tentadora, porque el monstruo es potente. El monstruo es un personaje predador, rapiñador, como debe ser el sujeto masculino formateado por el mandato de masculinidad. Y lo que el hombre quiere mostrar siempre es que puede serlo, porque es su forma de mostrar que es potente. Ha sucedido en otras situaciones, como en el caso de Wanda Taddei, que la monstruosidad quiere ser imitada. Hoy en día existir bajo el lente mediático parece ser para muchas personas la única forma de existir. Es un fenómeno de nuestro tiempo. Así como en el caso del suicidio fue revisado el rol de los medios y hay una pauta mediática que decidió no mostrarlos ni hablar del tema porque ya se sabe que se va a repetir, se deberían repensar las coberturas en casos de agresiones sexuales.

–¿Cuál es su propuesta?

–Profesores de comunicación, formadores de periodistas y editores de medios tienen que convocarse a una gran convención, diría latinoamericana, donde se debata en profundidad la pauta mediática para las agresiones sexuales, y donde también se rediscuta el suicidio como pauta. Porque no informar, es decir, desinformar, también es problemático. Esa discusión es indispensable. No se puede seguir así. En este caso de Thelma es clarísimo: aparece una niña llorando, linda, actriz, que en su momento fue famosa. Se la muestra como una heroína de cuentos de hadas. Pero no debe ser mostrada así. Es peligroso. Porque las heroínas del cuento de hadas reviven al final la ilusión del príncipe salvador.

–¿Cómo se la debería mostrar?

–Se la debe mostrar como una sujeta que está descubriendo su propia capacidad política de modificar una estructura, que es la estructura desigual del Patriarcado. Ese es su papel. Y por encima de todo como una sujeta que no necesitó de un príncipe: hay un colectivo de actrices que la secunda, que promueve su denuncia, que la acompaña políticamente. Entonces, no basta la posición de víctima. El victimismo no es una buena política para las mujeres. Lo más importante en esta noticia y lo que los medios deberían destacar y repetir sin reserva y hasta con exceso es que quien rescata a Thelma es un grupo de mujeres, son sus pares, sus colegas, sus amigas, sus hermanas en el proceso político que estamos viviendo en Argentina y en el continente: mujer salva mujer y muestra al mundo lo que tiene que cambiar. No hay un príncipe valiente. Hay política, que es más lindo, más heroico y más verdadero. La mano salvadora viene de nuestra amistad y alianza. Sin embargo, lo que destacan y repiten es la escena sin límite de la víctima describiendo la agresión y exhibiendo su dolor “mariano”. Se comprende la emoción reviviendo aquel momento y no debe estar ausente, pero la presentación de una sujeta acusadora solamente a partir de su dolor moral por lo que le ha sucedido –que es lo que los medios mostraron– no debería substituir ni desdibujar o anteponerse a la escena de una mujer que se ha vuelto una sujeta política y por eso denuncia.

–¿No cree que si una víctima no muestra públicamente el sufrimiento que le causa el recuerdo de la violación que sufrió, la opinión pública pondría en duda sus palabras? Hay un modelo de víctima ideal: si no es sufriente pierde credibilidad para cierto público…

–Claro, pero eso lo tenemos que cambiar. La víctima no necesita ser buena y pura para ser comprendida como víctima, solo necesita ser persona. Entender la diferencia es dar el giro político que la sociedad necesita para que este tipo de cosa no vuelva a sucederle a nadie.

–Pero, ¿cómo movemos eso de ahí?

–Ése es el punto. Lo tenemos que mover porque incluso es chocante para quien está dentro de una crítica y un proyecto político, que es mi proyecto: la intención es cambiar al mundo, el orden político patriarcal, que hace a todo el mundo, hombres y mujeres, tanto daño. Les estamos diciendo a los hombres que se corran, se desmarquen y desmonten el mandato de masculinidad. Muchos lo están haciendo, me consta, porque están percibiendo que ese mandato los mata primero, los enferma primero, y que también son pobres e incautas víctimas de ese orden corporativo autoritario y cruel que impera al interior de la propia corporación masculina. Porque dentro de esa corporación, como en todas, hay hombres que son más hombres y hombres que son menos hombres, es jerárquica, es maligna, obliga a dar pruebas de narcisismo y de crueldad todo el tiempo. Es por eso que la visión política, la manera de hacer política en estilo femenino se está recomponiendo después de un largo tiempo de rasura, de censura, de olvido compulsorio. Hay un fenómeno de afloramiento de la politicidad femenina después de un largo tiempo de su negación como política. Eso es lo que vemos en las calles. Y es también, afortunadamente, lo que se ve en el apoyo masivo que Thelma ha recibido de las mujeres de su gremio, y también de la sociedad argentina. Tenemos que celebrarlo. Basta de llanto. No queremos solamente consolar a una víctima que llora. El punto es cómo educamos a la sociedad para entender el problema de la violencia sexual como un problema político y no moral. Cómo mostramos el orden patriarcal, que es un orden político escondido por detrás de una moralidad. El problema es que está siendo mostrado en términos de moralidad. Y es insuficiente mostrarlo así por varias razones.

–¿Cuáles?

–Aparece y lo he visto mucho en estos días, que solo el hombre es sujeto del deseo sexual; la mujer, no. El hombre desea, la mujer se rinde. No es esa mi propuesta de un mejor momento para las mujeres. La mujer es un sujeto pleno del deseo. La noticia es presentada como si la mujer no lo fuera, y fuera solo víctima del deseo masculino. Tengo un miedo terrible a esa posición porque es tremendamente conservadora, es decir, no nos saca del lugar de la pasividad.

–Pero la denuncia es importante porque abrió una puerta que ya no se va a cerrar y confirma lo que desde el movimiento de mujeres hemos venido diciendo desde hace tiempo: la naturalización y la impunidad frente a la violencia sexual en distintos ámbitos …

–Sí, pero que no se malogre con el aspecto de espectáculo que tiene esto. La glamorización de lo sucedido es contraproducente. Es importantísimo lo que está pasando. Muestra que la sociedad, muchas mujeres y hombres también estamos insatisfechas con el orden de las cosas.

–¿Cómo enlazarlo con lo que viene sucediendo a partir del Ni Una Menos, los paros de mujeres, la lucha por el aborto, ese camino de las mujeres hoy?

–Volviéndolo político, retirándolo de lo moral, y haciendo ver que se trata de una escena, de una situación, de una posición en que nosotras, las mujeres nos hemos encontrado muchas veces en el trabajo, en la escuela, en la universidad y en la vida en relación. La escena de género es una escena de poder, no podemos más dudarlo. La sociedad no lo duda más… y el derecho debe asimilarlo. Hemos tenido un maravilloso éxito político al demostrarlo y las joven llevarán adelante en la historia esta lucidez que la sociedad ha alcanzado….. no sin dolor, o, mejor dicho, a través del dolor de los feminicidios. Pues cada feminicidio es un ataque a toda la sociedad, un dolor de todos.

–¿En su evaluación, entonces, es un gran momento para nosotras?

–Sin duda alguna. Es un viraje de la historia, lo estamos viendo en varios escenarios distintos que estamos consiguiendo dar vuelta a una página de la historia con el movimiento que estamos haciendo las mujeres. Los relatos que están aflorando y haciéndose públicos muestran claramente que estamos librándonos de un cierto mandato paterno, patriarcal, cruel, abusador, narcisista y castigador. Y es por la desestabilización de ese mandato que se cambia el rumbo, que se cambia el mundo. Es un gran momento inédito y de una intensidad impar. Pero, por otro lado, por la intensidad de este momento tenemos que tener mucho cuidado.

–¿Cuáles son sus alertas?

–1. Cuidado con lo que vengo llamando “un feminismo del enemigo”, pues todas las políticas que se arman a partir de la idea de un enemigo caen irremediablemente en el autoritarismo y en formas de accionar fascistoides. El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres. 2. Cuidado con los linchamientos, pues hemos defendido por mucho tiempo el derecho al justo proceso, que no es otra cosa que el derecho al contradictorio, a la contradicción, al contraargumento en juicio. Linchamiento y escrache no son lo mismo. El escrache, como lo habilitamos en Argentina cuando el Estado se volvió genocida, y en realidad podríamos volver a habilitar ahora, porque constatamos, como en el caso de Lucía Pérez o el caso del jury al Juez Rossi (que había dejado en libertad, a pesar de tener condena por violación, a quien mató luego a Micaela García), que la justicia nos traiciona, se elabora a través de un “proceso”, que es de justicia aunque no de justicia estatal. Cuando la justicia estatal falla, otras formas de justicia aparecen, pero no son espontáneas, pues hay deliberación, consulta, escucha, y la consideración por parte del colectivo de que se puede estar cometiendo un error –eso es el contradictorio, eso es el espacio para la posibilidad de la contradicción–. El linchamiento es una forma de ejecución sin ninguna de esas garantías. Es una ejecución sumaria, y extrajudicial en el sentido de que no está sometida a ningún tipo de deliberación, ni estatal ni de la colectividad en cuanto tal. 3. Cuidado con entregar la gestión y negociación de las relaciones entre las personas y, muy especialmente, de la sexualidad, al estado. No es propio de nuestras sociedades, de nuestra forma de ser en el continente latinoamericano, curvarnos a la judicialización de la gestión de la vida, de las relaciones interpersonales, y no creo que sea un buen propósito. Debemos preparar a nuestras y nuestros jóvenes a que puedan tramitar sus relaciones con su propia palabra y con sus propios gestos. La entrega de esa gestión de las relaciones a otras instancias puede ocurrir cuando los intentos de hablar del deseo y del no deseo interpares se muestre imposible. Las y los jóvenes deben reaprender a conversar. Y, por último, 4, te comparto la extraordinaria frase que me dijo un jefe de la policía de El Salvador, donde estuve trabajando durante una gran parte de este año: “Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás”.

Si llegaste hasta acá…

Es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. Página/12 tiene un compromiso de más de 30 años con ella y cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada. Defendé tu voz.

El meetoo mexicano que propició en Twiter y en facebook,
un linchamiento mediático de "Onbres", y que se erigió
como tribunal moral y fiscalía plena de animosidad, y que
tampoco otorgó el beneficio de inocencia ni derecho de replica
a los imputados, ha cesado sus funciones por su fracaso
en su verdadero objetivo: desligitimar la lucha del feminismo
que persigue la igualdad y mismos derechos entre hombres
y mujeres.
El feminismo radical  y adoctrinado, se fundamenta en el post
modernismo de Jakes Derrida y la deconstrucción de las
fundaciones del hombre: "Muerte al hombre, muerte a la filosofia,
etc.
El feminismo radical, acrítico y dogmático, lo reinterpreta desde
una visión sexista y justiciera: "Machete al macho, "Se va a caer
el hetero patriarcado" y otras consignas repetidas hasta el hartazgo.
Este feminismo scum, (de entre los muchos que hoy existen), es
misándrico, y revanchista , parte del odio al hombre por el mero
hecho de ser un "violador potencial".
Así vemos colectivos  irracionales, de "Valeries Solanas" cual
terroristas encapuchados y semi desnudos, incendiar iglesias por
oponerse al aborto [...] cuando el aborto, abierto al debate sano,
es una cuestión de seguridad social y un derecho de la mujer
estemos de acuerdo o no por motivos morales y no políticos.
El feminicidio y el machismo, son asuntos políticos que la sociedad
debe reconocer como una pandemia social.

JC





miércoles, 3 de abril de 2019


Fue; se fue hasta el fondo del nocturno pozo

de las serpientes.

Con la ebriedad del dichoso plantó la espada.

Y se recostó en los filos de la vida ya oxidados

los dientes.

Salía humo de la corteza de su cara de mundo

chata de tanto viento golpeada.

Mostró  que pudo vivir de una sola inhalación

Cuando murió, exhaló cientos de poemas

de sus pulmones.

JC

martes, 2 de abril de 2019



A principios de este año, el sitio web Babe publicó la historia de Grace, una fotógrafa neoyorquina de 23 años que describió una cita que tuvo con el comediante Aziz Ansari como la peor noche de su vida. Grace y Ansari se conocieron en una fiesta, intercambiaron teléfonos y salieron a cenar una semana después. Al terminar de cenar se fueron al departamento de él, en Tribeca, en donde empezaron a fajar, se desnudaron y se hicieron sexo oral mutuo. El encuentro sexual fue consensuado, pero en el artículo Grace describe cómo él insistió en coger hasta hacerla sentir incómoda e ignoró las señales –verbales y no verbales– con las que le pidió que se detuviera. Al final, cuando le dijo de forma más explícita que quería irse, Ansari le pidió un taxi.
De inmediato, las opiniones se dividieron. Para algunas personas, lo que hizo Ansari es una agresión sexual grave, equiparable incluso con un intento de violación. Pero para otras no sólo no lo fue, y opinaron que considerarlo así y condenarlo como tal va en detrimento del feminismo en general y de movimientos contra el acoso. La pregunta al centro del debate es: ¿dónde está la línea entre acoso, violación, hostigamiento? El lenguaje en estos casos pesa mucho, porque es la herramienta que tenemos para reconocer de las áreas grises que existen siempre que de sexualidad se trata. De esa necesidad de reconocimiento parte el libro más reciente de la antropóloga Marta Lamas, publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) hace algunos meses. El libro es provocador desde su título –Acoso, ¿denuncia legítima o victimización?– y nos adentra en un tema que no le es ajeno a ninguna persona que haya seguido más o menos de cerca los debates feministas más recientes.
“No existe en el mundo nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”, dice Lamas en el prólogo del libro, y continua explicando cómo la idea del acoso ha logrado movilizar a millones de mujeres en los últimos años, especialmente a partir del auge del movimiento #MeToo (la “americanización de la modernidad”, señala siguiendo a Bolívar Echeverría). Sin embargo, argumenta, algunas mujeres han considerado “acoso” a usos y costumbres culturales, como el piropo, e incluso a prácticas tipo quid pro quo como el intercambio de favores sexuales a cambio de oportunidades laborales. Para Lamas, las denuncias por acoso han sido un modo de canalizar el malestar y la indignación que provocan otras prácticas machistas más agresivas o discriminatorias. Ese ¡basta ya de acoso!, advierte, es en realidad ¡basta ya de desigualdad, basta ya de doble moral, basta ya de discriminación, basta ya de machismo!
Lamas, activista de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y participante destacada, desde los años setenta, del movimiento feminista, ha sido ferozmente criticada por su postura frente al acoso. En un debate al respecto sostenido con Catalina Ruiz-Navarro, el tema del consentimiento tomó especial relevancia: “El erotismo no puede ser por obligación. No hay nada más sexy que el consentimiento. No hay nada más sexy que yo diga: «sí, quiero; y quiero que me hagan esto; y sí, acepto tus manos en mi cuerpo»”, dijo Ruiz-Navarro. Lamas, en cambio, señaló “En el tema de la libido y el deseo no todo se puede explicitar previamente… Me daría una hueva infinita que siempre me dijeran: “oye, ¿te puedo dar un beso?”… Eso sí me parece absolutamente, en mi caso, deserotizante”.
En este sentido, en “Acoso, ¿denuncia legítima o victimización?”, Lamas ahonda en los riesgos de reducir a “acoso” la complejidad del deseo sexual, la naturaleza del erotismo y sobre todo la brutalidad de un contexto violento, desigual y explotador. Para ello, hace un revisión de lo que los diferentes feminismos proponen, incluyendo definiciones jurídicas y políticas, las distinciones con otros conceptos como hostigamiento y abuso sexual y los dilemas y controversias que enfrentamos hoy en universidades, centros de trabajo o espacios públicos. “Si todo es acoso, nada es acoso”, advierte, y explica, siguiendo a la filósofa Celiá Amorós que “conceptualizar es politizar”. Es decir, para visualizar realmente la magnitud de cierto tipo de violencia es necesario definirla con claridad, ya que sólo podemos combatir lo que somos capaces de identificar.
Más allá de las opiniones personales, al cuestionar los discursos feministas dominantes Lamas invita a una reflexión crítica que muchísima falta la hace al feminismo actual, que en algunos casos se ha convertido en un eslogan que se puede poner en gorras y camisetas o en la promesa de que ser feminista te hará más feliz, tener una vida sexual más satisfactoria o ser más exitosa profesionalmente. Esta noción es engañosa, escribe Jessa Crispin en su libro Por qué no soy feminista. Un manifiesto feminista, porque da la sensación de que basta que una mujer se autodenomine feminista para que todas sus acciones, por más mezquinas, frívolas o conservadoras que sean, se conviertan en expresiones del movimiento.
“MacKinnon sostiene que las mujeres son una clase oprimida, que la sexualidad es la causa de dicha opresión y que la dominación masculina descansa en el poder de los hombres para tratar a las mujeres como objetos sexuales. La influencia teórica, política y jurídica de esta autora ha sido inmensa, y ha ido potenciando un discurso mujerista y victimista respecto de la sexualidad, la violencia y la ley”, dice Lamas. Además, abunda, “(…) la experiencia sexual humana no sólo se remite a las cuestiones fisiológicas medibles, como la excitación y el orgasmo, sino a insólitas manifestaciones del deseo, presentes en las fantasías sexuales y en los requerimientos, a veces atinados y seductores, otras veces inoportunos y molestos”.
Lamas sabe (lo ha dicho en varias entrevistas) que algunas de estas posturas no le ganarán simpatías, pero ha insistido en mostrar que el ser víctimas no es una condición generalizada de las mujeres. La cuestión es importante, creo yo, por varias razones. Primero, porque pone al centro preguntas que acaso no se han planteado con seriedad en algunas vertientes del feminismo: ¿Puede el objetivo de reducir las posibilidades de “acoso” reducir también la posibilidad de profundizar en relaciones significativas y gratificantes? ¿Hasta qué punto las denuncias y reclamos que se formulan como acoso están evitando que se nombren la discriminación y la desigualdad que producen el machismo y la misoginia? Por otro lado, el hecho de que Lamas pertenezca a una generación de feministas distinta, que vivió en un contexto en el que otras luchas se veían como centrales, es algo que habría que tomar en cuenta: el debate intergeneracional puede ser benéfico para ambas partes. No todas pensamos igual, por fortuna, y las diferencias de opiniones son signo de un movimiento vivo. Cuestionar las corrientes dominantes del feminismo en nada equivale a traicionarlo. Todo lo contrario: lo enriquece.



Carta al presidente de México @lopesobrador
Sr. Presidente:
Le pido, por favor y amablemente, que se investigue
El "scratcheo"virtual (denuncias anónimas)  en
twiter que empujó al suicidio del músico Armando Vega
Gil por una acusación  anónima proveniente de La cuenta
Mee Too musicosmx.
Este lamentable suceso me lleva a cuestionar el sistema
de Justicia de su gobierno que no hace la debida vigilancia
a hechos de su competencia en los que sin pruebas, solo un
dicho de una presunta víctima, viola el estado de derecho y la
presunción de inocencia de los imputados.
¿A quién pertenece dicha cuenta?
¿Quién  la financia? ¿ De dónde provienen dichos recursos?
¿Recubieron las denunciantes dinero por denunciar
anónimamente?
¿Es dinero del erario? ¿Las fundaciones contra la violencia
de género se pagan con los impuestos de los mexicanos?
Coincido en que las mujeres violentadas y acosadas, denun-
cen dichos delitos conforme a la ley  ante https://www.gob.
mx/pgr/acciones-y-programas/fiscalia-especial-para-los-
delitos-de-violencia-contra-las-mujeres-y-trata-de-personas.
Infortunadamente, la citada cuenta en twiter, pienso, ha violado
esta ley y eso lo convierte en un delito por agravio y difamación
en contra de personas físicas y morales que amerita ser penalizada.

Quedo de usted:
José cruz Camargo Zurita.



lunes, 1 de abril de 2019

Aquí la opinión de Mónica Brown:

"Estoy en shock, encabronada y triste por el suicido de Armando Vega-Gil. Justo ayer comenté varias veces que me parecía pésimo meter en la lista de violadores, golpeadores y acosadores a hombres cuyo único pecado fue decirle a alguien por Whatsapp o en persona o como sea que querían coger contigo. A eso se responde: "No me interesa", y listo. ¿Te convierte en víctima una invitación a tener sexo? Es simplemente ridículo, ¿tenemos 5 años todas o qué pasa? Lo único que logran ese tipo de almas sensibles e indignadas es deslegitimar la violencia real que han sufrido otras mujeres, porque ahora esa lista es completamente dudosa. Y sí, dudo muchísimo, por no decir que dudo completamente, que gente como Eduardo Vázquez Martín, Mario González Suárez, Armando Vega-Gil, Daniel Sada o Julio Trujillo merezcan estar ahí. Daniel me quiso besar un día después de su taller de novela. Le dije que no estuviera chingando. Punto. ¿Por eso va a estar en una lista de violadores? No, rotundamente no. Julio Trujillo, por querer llevarse a alguien a la cama, y disculparse al día siguiente, ¿merece estar en esa lista? ¡No! Una chava que lo acusó dice que se asustó mucho. ¿Por? ¿Qué no somos personas adultas que tenemos derecho a querer sexo y también a no quererlo, y listo? La facilidad de denunciar a cualquiera anónimamente, y el creerle a una mujer nada más porque es mujer, es simplemente absurdo y completamente irracional. Se ha perdido toda proporción. Y a quien le moleste mi postura, bórreme de su lista de "amigos" y ya, ¡por favor! Sí,  mi solidaridad total con todas las mujeres que han sido y son verdaderas víctimas de abuso y violencia, y también mi solidaridad total con todos los hombres que están siendo víctimas de denuncias falsas, anónimas o ridículas que son también otra forma de abuso y violencia. No deben pagar justos por pecadores". 😡